Ser eficientes energeticamente ya no llega.

 

Hemos llegado a un punto donde ser eficientes energeticamente ya no llega. Durante décadas, hemos obviado el problema medioambiental, sin darnos cuenta de que invertir dinero y dedicación era en vano si nos olvidábamos de lo más importante: concienciar.

 

 

Y pese a que todo hacía indicar que los esfuerzos se habían encaminado en la buena dirección, los datos son demoledores: según el barómetro del CIS, la preocupación de los españoles por los problemas medioambientales se situó en un 0’8 % en Enero de 2018. Especialmente curioso resulta, porque la contaminación atmosférica es la primera causa de muerte prematura en países europeos (EEA), causando más de medio millón de decesos en el último año. Por momentos parece que el cambio climático sólo resulta un problema, cuando debemos enfrentarnos a restricciones de tráfico. O cuando nos obligan a obtener un certificado de eficiencia energética para alquilar una vivienda. O incluso cuando nos dicen que esas bombillas incandescentes que llevamos usando toda la vida, ya no van a poder seguir utilizándose porque las han prohibido.

Es por ello, que de nada valen las iniciativas de los gobiernos si la población no está concienciada de los peligros que supone seguir haciendo un uso inadecuado de la energía. De nada vale que un tercio de la energía consumida en España en 2017 proviniese de fuentes renovables, si no firmamos el fin de la era del carbón antes de 2030. De nada vale promover la transición apoyada en el gas natural, si a la hora de la verdad se antepone el coste de inversión a la sostenibilidad. De nada vale etiquetar edificios, electrodomésticos, bombillas e incluso neumáticos, si a la hora de comprar, el consumidor no sabe que representan esas molestas pegatinas de colores. O si lo sabe, no influye en su decisión de compra. De nada vale poner bombillas LED en nuestras casas, si las dejamos encendidas cuando es de día. De nada vale ser capaces de obtener un gemelo digital energético, si no somos capaces de extraer conclusiones útiles de él.  De nada vale fomentar el Cold Ironing si no comprendemos los beneficios que nos puede reportar.  De nada vale ser el país con más radiación solar de Europa si nuestra producción fotovoltaica no entra ni en el top ten mundial.

 

 

De nada vale ser eficientes… si no sabemos por qué debemos serlo.

Nuestro reto, no debería limitarse a alcanzar unas determinadas cifras de emisiones o reducir nuestro coste energético, también debemos tener presente que le debemos muchos años al cuidado de nuestro planeta.